¿cómo titular este post?

Trabajo porque no soporto la idea de quedarme quieta. Así ha sido siempre. Y por eso los cambios de trabajo me afectan más que a nadie. Y sé también que soy insistente con el tema, y que mis amigas ya no me aguantan con lo monotemática que me he vuelto. Por esa misma razón mi última cita fue un fracaso: quienes disfrutan hablando del trabajo son los hombres; cuando una mujer empieza a hablarles de su propia carrera, y de los muchos escalones que piensa saltar, la mayoría estadística del macho colombiano básico empieza a rehuír del asunto. Cómo pude ser tan tonta de no acordarme de esa regla que invita a la mujer a dejarse cautivar por los logros del hombre… A veces mi parte feminista se despierta con eso.

En fin… Decidido como estaba que este finde la pasaría sola (pues mis amigos no me soportaban hablando de lo mismo) empecé a leer un libro del que nos habló algún profesor de filosofía de colegio. El Lobo Estepario. Y allí encontré la idea que venía percibiendo desde que ocurre cada cambio en mi vida: aunque me llamo Ana desde que tengo memoria, no siempre he sido la misma….

De seguro Hesse no lo escribió pensando en eso, pero yo lo interpreté desde ahí. Además, ya estoy pensando que mi próxima colección tenga que ver con los muchos yoes que hay en mí.